A LA SUERTE LE CAMBIARON EL NOMBRE

la suerte

Al aterrizar por primera vez en la Tierra le adjudicaron un nombre equivocado. “Como tantas cosas en éste planeta”, pensó la Suerte cuando la nombraron por primera vez. Y – paciente – se dispuso a realizar su trabajo aun sabiendo que su gran labor no sería reconocida.

Así las cosas, no cabía otra opción más que la espera. Ya había sido avisada de que en la Tierra todas aquellas actividades que requieren de compromiso y cierta dosis de autorresponsabilidad suelen llevan retraso y funcionan- en la mayoría de ocasiones- desesperadamente lentas.

Así es en las más tempranas fases de los mundos en desarrollo.

Por mucho que pusiera de su parte, daba la sensación de que los humanos permanecían ciegos a su propio poder, confiando los acontecimientos de su vida a un azar incierto, caprichoso y totalmente ajeno a él. Por insólito que pareciera, creían no poseer dominio alguno sobre su propio destino. La Suerte no salía de su asombro.

Y es que “la Suerte” tiene la fragancia de las  pequeñas elecciones sabias: focalizar la mente en la meta que uno desea; persistir en la intención aún después de una aparente derrota; encuadrar el día desde la gratitud, mantener bien abierta en la conciencia la presunción de que cualquier cosa es posible, y disfrutar el proceso de forma pasional.

Si hacemos nuestra parte, la mal llamada “suerte” hará la suya. De hecho, está diseñada para ello: ella sabe cómo encadenar los sucesos, conoce la manera de manipular el tempo y el espacio y cómo sorprendernos con pequeños milagros llamados coincidencias. Una vez definido un objetivo, ella es la responsable de trazar el camino y enlazar los eslabones que conducen al éxito.

Ella sabe.

El procedimiento no es nuestro cometido.

Mirada con el microscopio, la suerte parece constituida por una cadena de “casualidades”, las cuales vieron la luz también- de la mano del hombre – bajo un nombre equivocado.

 Algún día- fantasea la suerte, anhelando horas más doradas en la vida de estos Seres- los humanos abrirán sus ojos a la evidencia de que existe un orden maravilloso en el Universo, y que en él no tienen cabida ni la suerte ni las casualidades.

Y en espera de que algún día todos sepan cómo manejarla, la “suerte” se halla instalada en la actitud abierta y positiva de aquél que permanece con la mirada puesta en su sueño, el corazón agradecido, las manos ocupadas y el pensamiento apoyado en creencias positivas que lo animan en su andar diario.

 Esa sí es nuestra gran tarea.

Rosaana B.

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