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UN SINGULAR TOUR TURÍSTICO

tour turístico

Una mañana en que la tristeza planeaba con total desvergüenza sobre mis pensamientos, me encaminé a la agencia de viajes, en búsqueda de un destino exótico y algo más alegre que aliviase esa negra desazón que hacía algún tiempo mantenía mi alma desolada.

Sin muchas expectativas, eso sí, pues en realidad no sabía de ningún lugar con suficiente luminosidad como para ahogar tanta melancolía.

Sin embargo eran ya demasiadas mañanas colmadas de demasiadas tristezas, y eso pesaba como un yugo que me mantenía clavada en una realidad sombría y tan plomiza como un cielo encapotado.

Ansiaba luz y calor.

Y la intuición – astuta y veloz – me sacó un billete rumbo al Corazón.

Eso sí, no me prometió un viaje tranquilo.

Insinuó que sería una travesía emocionante pero algo agitada en ocasiones. Correría el riesgo a equivocar el camino varias veces, e incluso era probable que mi atención se desviase tentadoramente hacia otros horizontes menos lejanos y más accesibles.

Previsora, alquilé un todo terreno y lo colmé de piezas de recambio y herramientas variadas. Unas servirían para no perder el rumbo, otras para renovar esfuerzos y desmayos, algunas más para remover obstáculos.

Y la intuición hizo un guiño de aprobación.

Me previno también ante el desaliento al cruzar territorios espinosos y desérticos – parece ser que inevitables por algunas latitudes; ciertamente, la sequía y la soledad se mantuvieron a menudo al acecho.

Pero la intuición, tan dueña y señora de la agencia de viajes como de mi voluntad, me aseguró  que al llegar al destino, el entrañable calor de una bienvenida inesperada derretiría al instante dudas y temores.

Me aclaró que allí se habla el idioma de los afectos, y que se alimenta al alma con una ternura insospechada.

Que allá la vida se vive con un continuo revoloteo de no sé sabe qué en el estómago.

Que es el Paraíso entre paraísos.

Que allí se palpa todo más fuerte y más bonito.

Y no se equivocó: cuando uno alcanza el propio corazón, el regalo del amor planea sobre el alma y el Paraíso en persona se inclina para acogerte, arropándote con una zalamera y sedosa brisa de bienvenida.

Rosaana B.

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